dimarts, 30 de març de 2010

Me proponía escribir un relato...

Me proponía escribir un relato. Me puse ante la pantalla del ordenador... vamos, no seamos absurdos... Sí, perdí absurdamente algunas horas entre correos, páginas, fotografías, sentimientos y remordimientos... no escribí, por supuesto.
Se me suceden en la mente frases, palabras, imágenes, momentos... pero nunca un relato. Escribo sobre lo que veo, sobre lo que siento, sobre sucesos míos o de los míos... pero juego a base de la no-ficción.
Hecho. Escribe un relato con detalles de no-ficción, con esas imágenes que aparecen, desgrana cada instante, desestructúralo para después volver a crear!, me digo. Pero hay relatos prohibidos... autoprohibidos? quizás sea eso... Y de nuevo me encuentro como tantos, uno más de los escritores que no saben qué escribir.
Hay tres tipos de escritor: el que escribe; el que no sabe qué escribir y no escribe (¿sería aún escritor?); el que escribe sobre que no sabe sobre qué escribir. Pero como mínimo escribimos... no? Los segundos representan la frustración y el olvido, el pozo del silencio fracasado. Los últimos andamos en círculo, damos vueltas y más vueltas, planteamos, filosofamos... pero en el fondo escribimos... no es así? Los que escribimos sobre que no sabemos sobre qué escribir somos dubitativos, bailamos sobre una cuerda floja, jugamos en los límites del sí y el no... Y seguimos sin tener relato... pero llenamos trocitos y dejamos que la mano y la tinta revoloteen sobre el papel... Nos lamentamos, perezosos de no ir, o de no saber ir, más allá de nuestras reflexiones...