dijous, 10 de març de 2011

El dia que Woody Allen se convirtió en guionista de mi vida (o Si Woody Allen fuera una mujer)

En mi universo personal, en mi universo burbuja, he instaurado una nueva tradición: los viernes son los días de Woody Allen. Y a no ser que venga Godzilla, que me secuestre un mimo o que caiga por unas escaleras (únicas tres posibles cosas que pueden acaecer un viernes tarde), no podrán localizarme ustedes en otro lugar que no sea frente una película de Woody Allen. (Quién sabe, quizás si deciden poner una de sus películas aparezca yo, de repente, a su lado... siempre que sea, por supuesto, viernes tarde).

No sé realmente cuando descubrí que Woody Allen se había convertido en guionista de mi vida... pero les juro que hay veces que parece el listillo demiurgo que juega con las energías que nos rodean... Pero no nos desviemos aún del tema, que aunque no pretendamos ser hoy críticos cinematográficos, quería hablar yo de Woody Allen, el antihéroe por excelencia. Enclenque, poco agraciado, despistado (bién, maticemos, hablo del personaje y no de la polémica persona).

El día que empecé a sospechar que Woody Allen empezaba a escribir para mi, hará algunos años, iba andando distraída, coqueta, quién sabe si en un momento de desarrollada cursilería, dialogando sonriente al lado de un chico que, seguramente, me debía traer loquita por aquel entonces. De repente, apareció frente a mi una rama de árbol que juro que dos segundos antes no estaba en el mismo lugar, golpeando mi frente.

El personaje Woody Allen es capaz de casi sufrir un ataque al salir a correr por Venecia, simplemente para impresionar a una mujer. Es el que rompe, sin saber cómo, la cámara con la que unos turistas han pedido ser fotografiados, al lado de la mujer a quien ya ha impresionado.
Woody Allen es aquel personajillo melodramático, serio en su comicidad, sabelotodo imprevisado, hipocondríaco definitivo.

Son otras las anécdotas que me demuestran que Woody Allen escribe, o escribió, el guión de parte de mi vida... teoría reforzada por la música que empieza a sonar, siempre de repente,... Jazz, clarinete por supuesto incluido, que va saliendo a mi paso cual banda sonora no casual.


Este viernes viene Godzilla. El momento Woody Allen deberá esperar.